23 de Julio de 2020

Mi primera computadora

la compré con mi sueldo de repartidor de diarios

Una parte importante de mi infancia viví en Villa Gesell. Podría decir que esa ciudad costera tiene mucho que ver con el Ruben que soy hoy. Sí, Ruben sin acento, aunque ya casi me haya acostumbrado a que lo escriban como la mayoría de los Rubén.

Los recuerdos de aquellas épocas son muy felices, Gesell era tranquilo fuera de temporada y luego, al llegar el verano, la playa y la diversión se adueñaban de todo. Creo que tendría diez o doce años cuando empecé a acompañar a mi papá a trabajar. Lo ayudaba haciendo cuentas y ordenando papeles, mientras él llevaba adelante su reparto de carne por toda la ciudad.

Así gané mis primeros pesos, los usé para comprarme juguetes y el Family Game. Es muy probable que ese sea el gen de mi afición por el gaming.

Cuando llegué a la adolescencia, desde el mediodía trabajaba como mensajero en los locutorios que tenía mi familia, llevaba y traía mensajes pasados por teléfono o fax a los veraneantes. ¿Se acuerdan del papel de fax?, parece que hubieran pasado siglos. Era un trabajo extremadamente físico, hacía todo el reparto en mi bicicleta y era muy pesado circular por las calles de arena, los días eran muy calurosos y la arena extremadamente seca. A los catorce pude tener un trabajo más formal, fui encargado en un puesto de diarios. Arrancaba a las 7 de la mañana recibiendo los diarios y revistas, ordenaba el puesto y lo abría. Luego, comenzaba con el reparto de los diarios a los clientes que tenían un abono fijo, hoteles, negocios, incluso algunas oficinas. Yo sabía que era muy importante cumplir con esos clientes, que ellos estaban esperando el diario y que debía llegarles en buenas condiciones y a horario.

Tanto en el trabajo del reparto de mensajería como en el puesto de diarios, más tarde como soporte técnico de redes y hoy mismo en consultoría, siempre entendí que las claves de tener buenas relaciones con los clientes son el compromiso, el involucramiento y la calidad en la atención.

A esa edad levantarse tan temprano se me hacía difícil pero en mi casa siempre tuve el apoyo y la inspiración de que el trabajo es lo que te permite progresar e ir logrando objetivos. Gracias al ahorro de mis primeros sueldos de repartidor pude comprar mi primera computadora, una PC 386-DX y, también, una nueva bici Mountain Bike de 21 cambios, ¡la Ferrari de las bicicletas en ese momento! No hace falta que les explique lo que significaba una buena computadora para alguien como yo, tampoco que les aclare que mi nueva bicicleta me facilitó tremendamente las tareas del reparto.

Desde muy joven entendí que el compromiso hacia el trabajo y hacia los objetivos son la única llave para conseguir lo que uno verdaderamente desea. Y que, por supuesto, no todas las personas tienen la misma suerte que yo tuve de tener una familia que siempre me apoyó y me acompañó para que pueda desarrollarme, pero estoy convencido de que cada uno tiene la posibilidad de forjar su camino y superarse día a día.

Puede sonar a frase hecha pero ese compromiso es el motor con el que me levanto cada mañana, con el que he ido construyendo mi familia, la relación con mis amigos, con el que soñé con Ingenia hace muchos años y con el que proyecto todo lo que se viene.

Autor:
Ruben Ghio,

Co-Founder & CEO at Ingenia

Autor:
Ruben Ghio,

Co-Founder & CEO at Ingenia